martes, 25 de octubre de 2011

El TLC con Estados Unidos.- Otro capítulo de la ignominia e indignidad


Lecheros dicen NO  al TLC
Por: Jairo Estrada Álvarez.- Especial para VOZ    
                     
* La aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos por parte del Congreso de ese país, ha provocado una exagerada euforia en sectores de las clases dominantes y también en incautos de las clases subalternas que han sido atrapados por el impresionante despliegue mediático a favor del tratado activado en las últimas semanas.

Lo que se ha dicho es el que el TLC es la pieza que faltaba para armar el rompecabezas del crecimiento económico y del bienestar social en Colombia. Según el presidente Santos, gracias al TLC el crecimiento se incrementará anualmente en un uno por ciento adicional, se generarán 250.000 empleos y se aumentarán las exportaciones en por lo menos 6 por ciento. 

En verdad, estamos frente a otro capítulo de la ignominia e indignidad de las clases dominantes, que sin recato alguno han tomado la vocería del pueblo colombiano para entregar al capital gringo lo que queda de economía colombiana y de soberanía nacional. Desde luego que la aprobación del TLC no es más que otro de los puntos de llegada de un proceso de neoliberalización sistemática que lleva más de dos décadas en el país. Su aprobación ocurre en un momento de perfeccionamiento del orden jurídico económico neoliberal por parte del gobierno de Santos y en el contexto de una gigantesca empresa de lavado de la fachada ensangrentada dejada la violencia paramilitar y la intervención militar estadounidense. El TLC con Estados Unidos es la esperada tapa de ese cruento modelo que conjuga la confianza inversionista con la seguridad democrática: la construcción de un orden de derechos del capital con la debida protección (para) militar.

Algunos de sus aspectos e implicaciones más relevantes

Mayor dependencia comercial.- Desde el punto de vista comercial, el TLC revertirá la tendencia superavitaria a favor de Colombia, que ha caracterizado la relación comercial durante la última década. Como se aprecia en la gráfica 1, desde el año 2000, el volumen de las exportaciones colombianas a Estados Unidos ha sido superior al de las importaciones provenientes de ese país. Ello fue posible por las preferencias arancelarias concedidas por la principal potencia imperialista a los países que colaboraban con sus pretensiones geopolíticas en la llamada guerra contra los drogas a través del APTDEA (Acto de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga), y por la existencia de algunos aranceles que protegían sectores de la producción industrial, agrícola y pecuaria del país. Con el TLC, las preferencias arancelarias del APTDEA no necesitarán renovaciones posteriores, como había ocurrido hasta ahora. Éstas se volverán permanentes. En eso no cambia la situación del comercio que había hasta ahora. Lo nuevo, serán las desgravaciones que gozarán los productores estadounidenses, particularmente los productores agrícolas, y algunos industriales, por ejemplo, de automóviles y autopartes.
 Imagen de muestra
Gráfica 1: Balanza comercial – Colombia Estados Unidos 2000– 2010
Miles de millones de dólares
Fuente: Banco de la República – Ministerio de Comercio Exterior
En ese sentido, aunque es probable que las exportaciones colombianas se incrementen, lo que ya está previsto es que las importaciones lo harán a un ritmo más acelerado y que, tal como ha ocurrido con otros países con los que Estados Unidos firmó tratados de libre comercio, la balanza comercial asuma la condición deficitaria. El embajador de Estados Unidos lo dijo en reciente entrevista: su país aspira a recuperar posiciones perdidas, entre otros, en el mercado colombiano, especialmente en el mercado de los granos (maíz, sorgo y soya), la carne y los lácteos.

En materia de comercio debe tenerse en cuenta en todo caso que dada la transnacionalización y la desnacionalización de la producción, no necesariamente lo que se exporta es producción del país. También en este campo los verdaderos beneficiados serán las grandes corporaciones transnacionales. Los pequeños y medianos productores, dadas las asimetrías en la productividad, se verán sensiblemente afectados.
Liquidación del aparato productivo

El TLC acentuará el proceso de liquidación del aparato productivo emprendido hace más de dos décadas por las políticas neoliberales y reforzará la tendencia hacia la reprimarización financiarizada de la economía. Como se aprecia en el cuadro 1, las posiciones de la balanza comercial muestran con claridad que la mayor parte de las exportaciones colombianas a Estados Unidos provienen del sector primario de la economía, y que las importaciones estadounidenses corresponden de su industria transformadora. Esa situación no va cambiar. Como ya se dijo, sobre todo llegarán más importaciones de productos agropecuarios. En suma, el TLC profundizará la dependencia comercial del país.

Cuadro 1: Balanza comercial Colombia – Estados Unidos 2010
Exportaciones
Importaciones
Productos
Mio. US Dólares
Productos
Mio. US Dólares
Petróleo
9.899.1
Maquinaria y equipo
3.926.5
Demás mineros
1.466.2
Química básica
2.420.3
Derivados del petróleo
1.140.1
Derivados del petróleo
1.593.6
Flores
942.3
Industria automotriz
495.1
Carbón
933.2
Agropecuarios
393.7
Resto de productos
2.537.0
Resto de productos
1.648.2
Total
16.917.9
Total
10.477.4
Saldo en balanza  6.439.5

Todo lo que se pueda (y quede) para el capital gringo
Si se juzga por el contenido del TLC, el comercio representa apenas unos de los muchos componentes del tratado (ver cuadro 2). La materia del TLC está concebida para proseguir con la entrega de lo que aún queda de soberanía y de economía nacional al capital estadounidense. En efecto, las disposiciones sobre inversiones, servicios, contratación pública, servicios financieros, telecomunicaciones, propiedad intelectual y comercio electrónico, entre otras, están diseñadas para facilitar los flujos de capitales en esas actividades y para reforzar los derechos de propiedad de las corporaciones estadounidenses que hacen (o hagan) presencia en el país. El gobierno de Santos aspira a que con el TLC se incremente el nivel de inversiones de Estados Unidos. Es probable que algunas trannacionales colombianas logren entrar al mercado estadounidense en estas actividades. La condición de asimetría, no obstante, hace pensar que se tratará de situaciones de excepción.

Contenido básico del TLC con EE UU

Capítulos del TLC
     Preámbulo

1.- Disposiciones iniciales y definiciones generales
13.- Política de competencia, monopolios designados y empresas del Estado
2.- Trato nacional y acceso de mercancías al mercado
14.- Telecomunicaciones

3.- Textiles y vestidos
15.- Comercio electrónico
4.- Reglas de origen y procedimientos de origen
16.- Derechos de propiedad intelectual
5.- Administración aduanera y facilitación del comercio
17.- Laboral
6.- Medidas sanitarias y fitosanitarias
18.- Medio ambiente
7.- Obstáculos técnicos al comercio
19.- Transparencia
8.- Defensa comercial
20.- Administración del acuerdo y fortalecimiento de capacidades comerciales
9.- Contratación pública
21.- Solución de controversias
10.- Inversión
22.- Excepciones generales
11.- Comercio transfronterizo de servicios
23.- Disposiciones finales
12.- Servicios financieros
Anexos

Además de profundizar la apertura hacia otras actividades ya señaladas, el TLC establece verdaderos cerrojos jurídicos a favor de las transnacionales con el régimen de solución de controversias. En este aspecto, se impone y refuerza lo ya existente en los “Acuerdos de protección y promoción recíproca de las inversiones”: garantías plenas en tribunales internacionales de arbitramento en desmedro de la soberanía nacional. El capital protege sus inversiones y sus expectativas de rentabilidad contra cualquier contingencia, incluso las derivadas de la movilización social y popular.

La existencia de cláusulas laborales y ambientales más que una paradoja, es expresión de la razón cínica de las políticas neoliberales. Un dispositivo esencialmente destructivo y depredador social y ambientalmente, aparece arropado con preocupaciones propias de lo que hoy se designa (también cínicamente) en términos de trabajo decente y sostenibilidad ambiental.

Lo que al puñado de grupos económicos beneficiados con el TLC les produce alborozo por la posibilidad de acrecentar sus arcas, merece el rechazo del pueblo colombiano y, sobre todo, nos debe producir indignación. Se constituye al mismo tiempo en otra razón para persistir en la lucha por la segunda y definitiva independencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario