1. ¿Nota algún cambio en materia de paz y negociación con los grupos armados, especialmente con las guerrillas, en gobierno Santos con respecto a gobierno Uribe?
R. No existe ningún cambio de fondo, tal vez sí de forma, pero en lo fundamental el gobierno de Santos continúa la línea de guerra de la llamada seguridad democrática del anterior Gobierno. La guerra le es útil para mantener el modelo neoliberal y plutocrático. Con Santos el lenguaje es de mayor prudencia, a la vez que anuncia una y otra vez que tiene en la mano la llave de la paz, dispuesto a abrir la puerta cuando lo considere conveniente. Pero insiste en las mismas condiciones y exigencias a la guerrilla, sin aportar la voluntad del Gobierno en esa dirección, cuando buena parte de la degradación del conflicto es atribuible al Estado cuya naturaleza violenta es evidente. La salida política negociada exige gestos recíprocos y voluntad de ambas partes, tanto el Gobierno como las guerrillas deben entender que no hay una vía diferente a la salida negociada y pacífica. No es suficiente que el presidente tenga una actitud más decente que la de su predecesor, tiene que romper las ataduras a las presiones uribistas y militaristas y a la herencia de los últimos ocho años.
R. No existe ningún cambio de fondo, tal vez sí de forma, pero en lo fundamental el gobierno de Santos continúa la línea de guerra de la llamada seguridad democrática del anterior Gobierno. La guerra le es útil para mantener el modelo neoliberal y plutocrático. Con Santos el lenguaje es de mayor prudencia, a la vez que anuncia una y otra vez que tiene en la mano la llave de la paz, dispuesto a abrir la puerta cuando lo considere conveniente. Pero insiste en las mismas condiciones y exigencias a la guerrilla, sin aportar la voluntad del Gobierno en esa dirección, cuando buena parte de la degradación del conflicto es atribuible al Estado cuya naturaleza violenta es evidente. La salida política negociada exige gestos recíprocos y voluntad de ambas partes, tanto el Gobierno como las guerrillas deben entender que no hay una vía diferente a la salida negociada y pacífica. No es suficiente que el presidente tenga una actitud más decente que la de su predecesor, tiene que romper las ataduras a las presiones uribistas y militaristas y a la herencia de los últimos ocho años.
