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| Angela Merkel |
Por: Rolf Ehlers
Si queremos juzgar lo que podemos esperar de una persona, preguntémonos inmediatamente después a quién tiene a su vera. Podemos hacernos una imagen aproximada sabiendo en qué entorno ha vivido en el pasado, quiénes eran sus amigos y a quien frecuentaba, cuáles eran sus convicciones pasadas, cuáles son sus convicciones presentes. No nos referimos a investigar que tenga los ojos azules o no... Los votantes alemanes nos movemos desde hace años entre tinieblas cuando nos preguntamos de qué entorno procede nuestra canciller. Ninguno de los principales rotativos ha informado de ello más que superficialmente, hasta que el Schweizmagazine titutló el 29 de mayo de 2008: “¿Fue la canciller Merkel informante de la Stasi?”
Si queremos juzgar lo que podemos esperar de una persona, preguntémonos inmediatamente después a quién tiene a su vera. Podemos hacernos una imagen aproximada sabiendo en qué entorno ha vivido en el pasado, quiénes eran sus amigos y a quien frecuentaba, cuáles eran sus convicciones pasadas, cuáles son sus convicciones presentes. No nos referimos a investigar que tenga los ojos azules o no... Los votantes alemanes nos movemos desde hace años entre tinieblas cuando nos preguntamos de qué entorno procede nuestra canciller. Ninguno de los principales rotativos ha informado de ello más que superficialmente, hasta que el Schweizmagazine titutló el 29 de mayo de 2008: “¿Fue la canciller Merkel informante de la Stasi?”
